Crónica de un testigo de mesa
Por Ana Julia Jatar el9 Dic, 2007 | 2 reacciones »
Presentamos aquí el testimonio de un Testigo de Mesa por el bloque del NO en el estado Mérida. Aunque escrito de una manera casual, lo narrado es preocupante, un reflejo del estado de las instituciones públicas en Venezuela, de la división entre los venezolanos, y también un llamado a actuar a favor de la democracia y el “juego limpio".
Crónica de un testigo de mesa
por Guillermo CasanovaObviaré lo sucedido entre las 3 am y las 4:30 am, hora de llegada al centro de votación donde me tocó ser testigo de mesa por el NO en el estado Mérida, municipio Libertador.
Extrañamente, a diferencia de los comicios pasados, fuimos los testigos del NO los primeros en llegar al lugar; ¿buena señal? Los resultados del referéndum así lo corroboraron. No había motivación en el SI igual que la hubo antes.
Casi a las 5:30 AM llegaron casi todos los miembros de mesa y comenzó el proceso de ensamblaje de las máquinas, ubicación de los miembros y los testigos. La cola de votantes afuera ya era muy larga.
La técnico del CNE hizo varios intentos infructuosos por arrancar la máquina de nuestra mesa y cada paso que daba nos lo mostraba, especialmente a mí, que estaba atento hasta de las miradas que se echaban los miembros, que por cierto, todos se conocían entre sí, pues fueron los mismos de las elecciones presidenciales, ¿es eso legal?
La máquina fue armada frente a mí pero la verdad es que se armó lo obvio: cableado, “chip”, batería, UPS… ¿si adentro habían alienígenas preparando los resultados de antemano? no lo sé. ¿Si las máquinas funcionan con redes inalámbricas (WiFi) y el que el cable del teléfono estuviera desconectado era un parapeto? No lo sé. Siempre tendré mis dudas sobre esas máquinas pero tendré (y tendremos) que vivir con ellas. Lo único que mata esa posible trampa es el mismo voto, la certeza de que la papeleta diga los resultados correctos ayuda, el conteo manual de algunas urnas ayuda, y el voto masivo masivo masivo es lo que más ayuda, NO la abstención.
Sigo pues. Finalmente la máquina arrancó y la mesa 1, mi mesa, se preparó para comenzar. Hicimos un juramento, se mencionó a Dios (pero muchos lo hacen en estos días e igual pecan) y nos sentamos a esperar que las otras mesas estuvieran listas para abrir para poder dejar entrar a las personas, que cada vez eran más esperando afuera.
La eficiencia del CNE confundió todo el material, incluyendo máquinas, de la mesa 3 con la de la 4, pero además no había presidente de mesa para la 4, cosa que fue resuelta igual que la equivocación del material electoral. La mesa 4 no contaba con tinta “indeleble”, tuvo que pedir a las otras. Finalmente todo estuvo listo y se abrieron las puertas.
El primer paso, las captahuellas no fue traumático entre otras cosas porque no estaba conectado a ninguna red central. Mostrabas tu cédula, la introducían en el laptop, si aparecías registrado colocabas el pulgar en el capatahuellas, una, dos veces y te daban un papelito con el número de mesa, y la página del cuaderno de votación. Las captahuellas, ¿un mecanismo de seguridad? Ya veremos que no. En todo caso, al no estar conectado, podría decirse que agilizaba la cosa un poco pues evitaba que la gente tuviera que buscarse en los listados en las puertas del centro de votación y recordar luego el número de mesa y la página del cuaderno.
Una vez sorteado el paso de los capatahuellas, los votantes se dirigían a su mesa. Nuestra mesa, a decir verdad, era eficiente. Muy rápida. Y gracias a un acuerdo entre todos, los testigos del SI y del NO, asumimos algunas tareas que no nos correspondían pero que tampoco violaban ninguna ley. Una de ellas, por ejemplo, fue ayudar a las personas mayores a votar en la máquina cuando estos se “trancaban” y no entendían qué hacer. En esos casos, los dos testigos ibamos y explicabamos lo que debía hacerse, sin influir, sin señalar, sin trampa alguna. Tanto así que la mayoría de las personas a las que tuvimos que ayudar eran del SI, generalmente, personas mayores y campesinos, y en ninguna ocasión intenté como testigo del NO impedir que votaran, ni mostré desagrado (aunque lo sentía por dentro), por el contrario, las personas que votaban por el SI y a las que ayudamos, aunque yo tenía la batuta de esa ayuda y el otro testigo solo miraba, me agradecían la ayuda (por dentro yo les agradecía que se salieran rápido para que votaran otros por el NO…)
La educación es algo que viene del hogar y se refuerza en la escuela y en la calle. La gente del SI, trajo desayunos para todos los de las mesas, excepto para los del NO. Como el ambiente en nuestra mesa era muy bueno, los miembros y hasta el testigo del SI, me ofrecieron parte de lo que les tocaba, pero mi orgullo no aceptó; afortunadamente mi testigo suplente me trajo después una arepa andina que estaba excelente. Esta misma situación sucedió en el almuerzo, pero en esta ocasión, alguien de la mesa le sugirió a los del SI que me dieran almuerzo, el cual… no acepté, pero porque ya tenía asegurado uno por parte de mi suplente. ¡Cosa fea que nos discriminemos de esa manera! Pero a eso hemos llegado en esta revolución “bonita”.
Después del almuerzo comenzaron los problemas. El primer problema y que no fue de gravedad pero que nos retrasó bastante, fue que una persona utilizó la casilla de otra, su hermano. Eso se solucionó levantando un acta; gajes del oficio. Los otros inconvenientes y que me parecieron más graves, fueron las personas con diferencias entre sus cédulas y lo que aparecía en el listado electoral. Eran bastantes y todas aparecieron por la tarde. ¿Por qué me pareció grave esto? Regreso al momento en la mañana cuando yo voté.
Inmediatamente después de haber votado, fui al baño y con un algodón impregnado con cloro/limón marca Nevex, me quité TODA la tinta “indeleble”. Hice la acotación al coordinador del centro electoral y mi suplente hizo el mismo experimento con solo cloro e igualmente se borró toda la tinta “indeleble”. Informamos esto al coordinador de los testigos del NO y este al comando de campaña. Quedamos también en levantar un acta pero posterior a la votación pues la verdad, no me interesaba causar pánico y aumentar con esta noticia la abstención.
Regresando a las diferencias entre identificación personal emitida por la ONIDEX y la electoral, el REP, agregando a estas diferencias que la tinta NO es “indeleble” y que los capatahuellas no están conectados a ninguna central sino que funcionan de manera independiente, me di cuenta, cosa que sospechaba antes pero que ahora es una certeza, de que es ahí donde está la verdadera trampa del CNE. En la múltiple cedulación de varias personas.
Aun más, aunque las captahuellas estuvieran todas conectadas con un servidor central, sería muy difícil que el sistema lograra en poco tiempo comparar las millones de huellas para encontrar duplicados. Eso solamente pasa en la serie de TV CSI, en la que las computadoras encuentran al culpable en segundos, de entre cientos de millones de huellas dactilares.
La trampa está en tener varias cédulas, inscribirse varias veces (con anuencia de algunos en el CNE), votar, limpiarse la huella entintada “indeleblemente”, correr al próximo centro de votación y repetir la operación dependiendo del número de cédulas que se tengan.
La limpieza del sistema electoral debe comenzar por la ONIDEX y por una verdadera limpieza del REP. Mientras esto no suceda, la trampa existirá. Las captahuellas NO sirven como elemento de seguridad sino en los casos en los cuales se trate de votar dos veces en el mismo centro electoral. De resto son un capricho multi-billonario de Jorge Rodríguez.
Luego vino el caos.
Como un porcentaje mayor al 90% de los miembros son oficialistas, las cosas se deciden en base a lo que le convenga a Hugo Chávez. Y en esta ocasión fue así.
A las 4 PM, ya no había votantes en las mesas ni afuera del centro electoral. Aún así, como los comandos oficialistas tienen gente afuera de los centros de votación registrando quienes de sus partidarios votaron o no, el centro electoral decidió permanecer abierto hasta las 4:30 PM por orden del coordinador con toda seguridad para que la operación “Galope” (creo que la llaman así), tuviera tiempo para buscar a los que no habían votado.
A las 4:30 PM ya era demasiado evidente el vacío, y se decidió cerrar el centro, pero a las 4:45 PM llegó, como por arte de magia, un contingente de personas, y los oficialistas, testigos y del comando, armaron el escándalo mayor para que abrieran de nuevo las puertas. Nosotros los del NO, también nos caldeamos y exigíamos que no se abrieran las puertas. Se había dado 30 minutos de plazo sin sentido aparente y ahora, 45 minutos después de la hora legal del cierre ¿se exigía que abrieran las puertas de nuevo?
Pues bastó que el comando del SI llamara al CNE, el CNE al coordinador… y, puertas abiertas de nuevo con los del SI satisfechos. Es que de eso están hechos, de trampa, falta de moral y ética.
Aclaro que se abrieron las puertas después que los presidentes de mesa, todos chavistas, se reunieran y lo decidieran por iniciativa “propia”. Se decidió abrir hasta las 5:15 PM
Sobre todo este episodio se levantó un informe por parte del coordinador del centro, pero el contenido del informe fue dictado por el testigo principal del SI y en el informe no aparece registrado que el centro de votación fue cerrado y luego abierto por presión de los oficialistas. Solo aparece en ese informe que el centro, por decisión de los presidentes de mesa permaneció abierto hasta las 5:15 PM. Todos los presidentes lo firmaron. No era de esperar otra cosa.
Finalmente se cerró el centro y, resumiendo, se hicieron todos los procedimientos para el cierre de las máquinas y para conocer los resultados. Emitidos los listados iniciales, el No ganó en todas las mesas en una proporción de 2 a 1 y hasta 3 a 1 en una mesa.
Aquí de nuevo entra el fantasma de la trampa. Aunque se puede ver que la papeleta refleje el voto correcto al momento de votar, no hay forma de saber si el sistema lo registra de esa manera. Pudiera ser que el papel salga bien pero el sistema lo convierta en lo contrario. También puede suceder, como en las máquinas de los casinos, que después de cada cierta cantidad de uso o tiempo de uso, empieza a ganar el jugador por unos minutos. Son muy pocas las cosas que estas computadoras no pueden hacer, especialmente cuando quienes las manejan carecen de honestidad.
La abstención en mi mesa, fue de un 25%, lo cual confirmó para mí que ganamos en ese centro porque los del NO fueron a votar. Cosa que debe repetirse en las próximas elecciones. La abstención ayuda a la trampa. La participación la minimiza.
Después de estos resultados, se hizo la parte burocrática del levantamiento de actas, cierre de sobres… y luego el sorteo par la auditoría. Una de las mesas que salió fue la mía. Se abrió la urna, se contaron las papeletas, no coincidían con el acta por una papeleta, se contaron las papeletas por tendencia, tampoco coincidían por un voto. Se volvió a contar y esta vez sí coincidió. Se cerró la urna, se cerró todo y ya nos íbamos cuando comenzó otro griterío feroz afuera… pero si ya los chavistas se habían ido, pensé yo, ¿qué puede estar sucediendo esta vez?
Pues al Plan República no se le ocurrió una mejor idea que ir a buscar el material electoral… en un autobusete sin credenciales y con ventanas pintadas y calcomanías del SI.
Se lo comenté a la técnico del CNE y esta me dijo que quejarse por eso era una estupidez. ¿Hubiera dicho lo mismo si ellos hubieran ganado y el CUFAN buscara los resultados en un transporte público identificado con el NO? Estoy seguro que nos hubieran rodeado los tupamaros, el ejército y hasta Pedro Carreño se hubiera presentado.
Pero los del NO, en un motín algo agresivo, obligaron a que todo el material electoral fuera bajado del autobusete y obligaron al conductor a estacionarse hasta aclarar la situación. Algunos “arrechitos” tomados, llamaban a destrozar la camioneta, a desinflar los cauchos, etc. Las turbas enardecidas pierden el sentido de la realidad en muchas ocasiones.
El haber bajado el material electoral, me pareció bien. Hasta ahí. El no dejar que el transporte se fuera, no me pareció, pero era yo solo contra decenas de personas.
Llegó un mayor del ejército y trató de calmar la situación, pero no pudo. Llegó la policía y estaban esperando la orden del ejército para traer al escuadrón anti-motines, pero el mayor no quería dar esa orden, todavía.
El problema más grave de todo, desde el punto de vista electoral y político, era que los sobres con los resultados tenían que ir al CNE con urgencia. Pero si la gente no permitía la salida de ningún material electoral ni de ningún militar, ¿cómo podían trasladarse los sobres? Por cierto, los sobres ni siquiera estaban en el autobús, estaban en el carro particular de un militar reservista quien junto a un sargento del ejército debían llevarlos al CNE. Otra prueba más de la falta de visión de las turbas… lo realmente importante, lo dejaron pasar.
Tengo que decir que cuando todo este lío comenzó, vi como todos los miembros del CNE se escabullían del lugar como si nada fuera con ellos. ¡Muy responsables ellos! Solamente los testigos del NO nos quedamos afrontando a todo ese gentío, que aunque nuestro, estaba fuera de control.
Supongo que el no haberme cortado el cabello ni la barba desde hace meses me dio un halo de respetabilidad y madurez (aunque sólo tengo treintaycatorce años) por el que los militares me llamaron para tratar de resolver el problema. Conversando, llegamos a la conclusión que lo importante era, en primer lugar, llevar los sobres al CNE, en segundo lugar, dejar que el transportista se fuera (oficialista o no, él estaba trabajando, de él no era la culpa que el CUFAN fallara contratándolo), y en tercer lugar dejar el material electoral en el colegio custodiado y que solo se permitiera sacarlo en camiones del ejército. Acordamos entre los militares, la policía y yo, que yo iría con el sargento del ejército, en el carro del de la reserva, a poner la denuncia ante el CNE; una media verdad. Recuerden que los sobres ya estaban en el carro. Si los sacábamos y los metíamos en el colegio o los llevábamos a donde fuera, el motín se hubiera convertido en protesta nacional. La idea principal era que los sobres llegaran al CNE o no serían contabilizados de inmediato; cosa que nos perjudicaba.
Así que, cual dirigente político que no soy, pero harto de estar ahí resolviendo algo que otros debían resolver (ustedes, los del CNE que se fueron cobardemente), hablé con la gente y les expliqué que iría al CNE a poner la denuncia pero que no aseguraba nada y nos dejaron ir, pero el autobús y todo lo demás quedaba retenido.
En el camino, vimos como los motorizados chavistas rondaban parte de la ciudad y una barricada de fuego en una calle. Llegamos al CNE, los militares hicieron lo suyo. Yo pedí hablar con alguien del CNE para hacer la denuncia. Hablé con una persona que me dijo que la culpa era del ejército y me dijo que hablara con ellos, con quienes ya yo había hablado y me habían dicho que hablara con el CNE. Era inútil, nada iba a lograr hacer ahí y habiendo entregado los sobres, que era lo importante para el momento, regresamos al colegio.
Ahí me conseguí con la sorpresa de que había dos fiscales del CNE. No levantaron ningún acta, solo escucharon la queja. Me preguntaron si yo estaba conforme con el proceso del día y en muy pocas palabras dije que sí, exceptuando lo del cierre y re-apertura del centro y que dos de los baúles que contenían las máquinas no tenían el precinto de seguridad que debían tener. También les comenté lo del autobusete.
Finalmente, tuve que volver a hablar con la gente afuera pero como no soy político, les dije iba a hablar y que aunque no estuvieran de acuerdo con lo que dijera que no me interrumpieran y que me hicieran caso.
Expliqué lo que había hecho en el CNE, expliqué que había hecho la denuncia en el CNE, pero que esta debía hacerse también ante la fiscalía y la defensoría del pueblo si querían que tuviera algún efecto aunque, les dije, que ya sabían en manos de quien estaban estos organismos por lo que no debían esperar mucho. Les dije que habían hecho bien en obligar a bajar el material del autobusete pero que mantener al transporte y su dueño en el lugar contra su voluntad era la única falta real que se estaba cometiendo en ese momento pues todo lo demás había sido resuelto. La gente quería garantías de que eso no sucedería de nuevo… y ahí fue donde yo terminé mi labor con mucha impaciencia. Pedí que abrieran paso al conductor del autobusete para que pudiera salir y así se hizo. Dije a quienes llevaban la batuta del reclamo que llamaran a la fiscalía y a la defensoría para una reunión al día siguiente y si lo hicieron o no, no lo sé, pero nadie de esos organismos se presentó al día siguiente.
Cerré mi actuación llamando aparte al mayor y al sargento y explicándoles que los de afuera me pedían que les llamara fuertemente la atención por lo sucedido y que se consideraran fuertemente regañados en esa conversación que estábamos teniendo. Supongo que no debe haberles gustado que un civil les hablara así, pero no podía hacer más nada. Era eso o de verdad armar otro motín esta vez contra los militares. Me despedí y me fui conduciendo tan rápido como en la madrugada, pero esta vez para poder llegar vivo a mi casa pues los tupamaros estaban en la calle, y esa no es gente, esos son asesinos.
Llegué y como toda Venezuela tuve que esperar a que a Chávez le diera la gana de autorizar al CNE para que dieran los resultados.
Y ganamos.
2 comentarios
Desde ya hay que involucrarse en todo lo que viene. Disfrutemos las navidades sin perder de vista que, por ejemplo, el fanatismo de ministro de defensa ha prohibido los adornos navideños en cuarteles y en su ministerio, o que Chávez puede lanzar por decretar la nueva ley de educación, o que si perjudican el comercio con Colombia, la falta de alimentos y ropa puede ser aun peor.
El peligro del fanatismo chavista no ha terminado. No hay laureles suficientes sobre los que podamos dormirnos.
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